Desalfabetización del play significa: hacer click rápidamente en un ícono triangular que nos conduce a la reproducción de algún material audiovisual o sonoro, sin realizar ningún ejercicio consciente de lectoescritura. Desalfabetizar significa perder la capacidad de instrumentar en la acción la herramienta del alfabeto, sea cual sea, en menoscabo del ejercicio lectoescrito. Parece más fácil justificar esto mediante la oralidad expedita y fácil, pero no se observa que al darle play o reproducir ese tipo de materiales, se está perdiendo, muchas veces, la capacidad de lectoescribir y de sopesar y valorar lo que significa el alfabeto.

La oralidad que nos impone dar play significa entonces anular el facto pragmático de la lectura. Aunque no se trate únicamente de escuchar, muchas veces, también, se trata de ver. En plataformas y redes sociales de vídeo o materiales sonoros, dar play significa atender la reproducción de materiales sonoros o audiovisuales, sin prestar suficiente atención al contenido escrito y ejercitar la lectura. Es decir, es más sencillo escuchar y atender algo que se mueve en el paradigma del tiempo —vídeo, animación, etc.—, que leerlo, imaginarlo e introyectarlo. La oralidad del play nos remite sí a una forma en la cual se hace mucho más accesible cualquier clase de contenido, pero nos ahorra el esfuerzo de lectura. YouTube, TikTok, Spotify, etc., nos llevan por los caminos del play, con distintos matices y variantes de estos hechos. Es decir, podemos dar play a un vídeo y en función del interés que nos arroje prestaremos más o menos atención a su contenido escrito. En plataformas de materiales sonoros y canciones, es fundamental, prestar atención a los artistas, álbumes y discos, listas de reproducción etc., que nos significa saber qué escuchamos. Pero, en cambio, en TikTok donde puede haber vídeos de sátira, humor, autoayuda, entre otros, podemos muy bien omitir el contenido escrito, las especificaciones y los detalles de lo que estamos escuchando. La atención, por tanto, se segmenta y divide, pero muchas veces es más fácil hacer click en el triángulo, dar play, dejar correr el reel, que saber lo que estamos consumiendo.

La escritura, en cambio, nos lleva por un camino mucho más arduo y complejo, porque tenemos que hacer un esfuerzo distinto, que presenciar o escuchar aquello que consumimos. La escritura nos conduce por la senda de la imaginación, pero para poder ingresar en ella tenemos que leer. Por eso, leer es un acto virtual, el primero quizás de la historia, salvo el pensamiento mágico-religioso, donde necesitamos conocer un código para acceder al mensaje y en esa medida poder establecer el vínculo comunicativo. Entonces, al leer algo escrito nos esforzamos y al carecer o contar con los referentes, podemos tener una idea clara o no de lo que se está hablando. Por eso, leer los contenidos escritos remite a un ethos o estado de cosas donde la potencia imaginativa se encausa para lograr comprender cabalmente el mensaje. Esto nos proporciona otra forma de consciencia, cuando la dimensión oral es agónica, mientras que la dimensión escrita es permanente. Entonces, leer y escribir nos hacen tener contacto con otros mecanismos cognitivos que permiten el alojamiento memorístico de aquello que leemos. En esa medida, parece más complicado leer un artículo de opinión, resumir, o plasmar en nuestra memoria lo que leemos, que simplemente hacer click y escuchar. Esto resulta en un cierto nivel de deficiencia comunicativa y de consciencia lingüística, porque no podemos si quiera prestar atención a detalles relacionados con ortografía, puntuación, sintaxis, gramática, etc., cuando en sí, en el mundo global, también deberíamos tener la cabal consciencia multicultural del multilingüismo vigente. Lo que ocurre, entonces, es una deficiente adquisición del lenguaje escrito y también una fonetización desde la lengua materna de los idiomas extranjeros, que merman la comunicación internacional, que segmentan las formas comunicativas y que nos han vuelto perezosos lingüísticos. Por eso, sin consciencia lingüística, ni práctica lectoescrita, la oralidad instaurada con el play, parece más, hoy en día, un mérito de las tecnologías de la comunicación e información y un facto en detrimento del legado instrumental alfabético, que no olvidemos, está vivo, cambia y se transforma.










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